¿Quieres dejar de sabotearte?

¿Quieres dejar de sabotearte?

Estaba conversando con Marcela, una compañera de trabajo que es sicóloga de profesión y le comentaba la inquietud que tenía sobre los pocos resultados que estaba viendo en mi comunidad de aprendizaje, Talent Start.

Yo le explicaba que muchos de los participantes compran una capacitación, arrancan entusiasmados el proceso de aprendizaje, pero se van quedando en el camino en la implementación, y le decía que eso me inquietaba.

Pareciera que creen que no pueden hacerlo, que no están a la altura del reto. Les da pánico activarse.

“Eso se llama el síndrome del impostor”, fue la respuesta inmediata que me dio Marcela.

«¿Sabes que esto es muy común, muchas personas, y en especial profesionales o buenos estudiantes, lo han sentido?», insistió. Lo peor es que el síndrome del impostor puede agravarse.

¿Padeces el síndrome del impostor?

El término síndrome del impostor, fue acuñado por las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes. 

Es un mecanismo de protección usado por una persona para evitar situaciones de frustración como el estrés de fracasar en la entrega de un proyecto o hacer el ridículo en una presentación.

Quienes padecen el síndrome del impostor experimentan dudas sobre sus capacidades, cuestionan continuamente su conocimiento y su experiencia, se sabotean. 

Llegan al límite de sentirse mal por no ser capaces de arrancar un proyecto o llevar adelante una idea.

Cada vez que se les presenta una oportunidad de mejorar profesionalmente piensan que no  pueden hacerlo.

Marcela me dio algunas sugerencias para combatir el síndrome del impostor y conversamos sobre cómo compartirlas con mi equipo de coaches, para que me ayudaran a bajar el tema hasta los miembros de nuestra comunidad de aprendizaje.

Quiero compartirlas porque en este mercado de cambios y transformación digital, resulta fundamental que entendamos que muchas de las limitaciones que tenemos son mentales.

Debes tomar conciencia de que puedes estar inmerso en este padecimiento y dando unos sencillos pasos podrás superar el síndrome del impostor de una vez por todas.

 

¿ Cómo evitar el autosabotaje?

 

Si quieres avanzar profesionalmente y conseguir tus metas y eliminar tu inseguridad, no puedes permitirte seguir así. Ya es hora de hacer algo al respecto.

Lo primero que debes hacer es identificar que tienes un patrón de comportamiento del síndrome del impostor para poder solucionarlo cuanto antes. Luego:

 

Ámate con locura.

 

Recuerda que el control de tu comportamiento (locus de control), es decir, la percepción que tienes sobre dónde se localiza el origen o la causa de las situaciones o eventos que vives a diario, es interno.

No le eches la culpa al resto del mundo (externo).

Para ir mejorando tu propia percepción te invitamos a que hagas una lista con tus habilidades y cualidades personales. También puedes inluir tus logros personales, aquellos que se han materializado con tu esfuerzo.

 

Olvida el perfeccionismo.

 

«Mejor hecho que perfecto», dice Mark Zuckerberg, quien utilizó esta frase para explicar que no hay que buscar la perfección sino hacer las cosas. Al activarte se abren posibilidades tanto a los logros, como al aprendizaje, la libertad, la evolución.

Perseguir la perfección puede resultar un incentivo, pero puede ser también una trampa si consideramos los errores como fracasos.

Acepta tus equivocaciones como parte del aprendizaje. Todos, incluidos aquellos que admiras, pasan por este proceso.

 

Enfoca tus pensamientos al logro.

 

Motívate a mejorar, crear y a realizar acciones positivas en tu vida. Toma conciencia de la importancia de la motivación como fuente de energía para producir un estado personal de plenitud.

No dejes que tus pensamientos o sensación de culpa social te saboteen cuando tengas algún éxito. Dile a tu vocecita interna que hable de forma proactiva y positiva contigo.

 

Reúnete con personas de «buena vibra».

 

Crea una red con gente de alto nivel como ser humano, y verás que tu vida y tu entorno cambiará totalmente.

Rodeate de gente que te quiera, conectate desde la sinceridad  con las personas que están a tu alrededor. No te restes valor cuando te elogien. Aprende a agradecer y empezarás a notar cambios en tu cotidianidad.

En Latinoamérica el sentido de la culpa puede ser un elemento complejo de manejar, pues en ocasiones valorarse puede ser percibido como petulancia o arrogancia. En la medida que te «quieras», tu entorno te lo devolverá.

 

Aprende a venderte.

 

Este hábito resulta fundamental si quieres emprender un nuevo proyecto o quieres vivir de los negocios. Se llama mercadeo directo, o marca personal.

Puedes compartir tus logros personales y tu buena organización del trabajo sin tener que perder la humildad.

 

 

 

No hay empleo para tanta gente

No hay empleo para tanta gente

“No hay empleo para tanta gente”, me dijo hace unos diez años mi amiga, una super científica que cursaba su doctorado en una reconocida universidad, mientras me comentaba uno de los principales temas que preocupa desde hace algún tiempo al sector académico.

“Estamos formado empleados pero no hay mercado que los pueda absorber”, y con esta frase uno de los profesores de mi amiga sentenciaba una de las inquietudes que todavía hoy  mueve los pasillos del mundillo académico.

Si bien el profesor el profesor le confesaba a mi amiga su impotencia sobre las tendencias negativas del empleo en el mundo, generadas por la irrupción de la tecnología, también le hablaba de las soluciones.

 “Hay que empezar a formar en emprendedores”, gente capacitada para autoemplearse y al mismo tiempo generarle empleo a su entorno inmediato, le dijo el académico.

Y es apenas hoy que logró ver el impacto de aquel comentario.

Si bien el requerimiento de nuevas habilidades creadas por la transformación digital están generando un cambio de paradigma en la empleabilidad.

Advertido ya desde el sector educativo formal global, los líderes mundiales han sido incapaces de detener los avances en la caída del empleo a escala mundial.

 

¿Cómo puedes evitar ser parte de las estadísticas?

El problema es que el desempleo estructural, ese desempleo que leemos o escuchamos en titulares de noticias y que pensamos que es solo una estadística intangible, se puede materializar y puede tocar hasta tu puerta.

Pero mientras para un grupo de la población esta situación puede ser una tragedia, para la avanzada generacional  Millenial, y la que viene con pasos firmes configurando el camino, los Centenials, esta transición del empleo no es novedad.

La inconformidad que los jóvenes han mostrado frente al esquema tradicional de empleo tiene solo un nombre, son nativos digitales, por lo tanto sus paradigmas de obtención de información y de reconocimiento del mundo son diferentes a los de sus padres.

“A mí no me interesa que una empresa me contrate. Esa era una aspiración de mis padres. Yo  prefiero ver cómo hago mi empresa”, me respondió en alguna ocasión el amigo de mi hija.

 

Cambias tú y cambia el empleo

 

La llamada economía de los pequeños negocios estás cada día más fuerte.

Esa economía de compartir, donde cada quien pone lo que puede y se articula bajo un sistema de referencia y reputación, se llama formalmente economía naranja, y está cambiando paradigmas de empleabilidad y emprendimiento sustentados en las industrias creativas.

Pero el cambio de paradigma es poderoso. Se crean nuevos negocios digitales que requieren, a su vez, nuevas habilidades y existen plataformas como Linkedin donde  puedes armar tu perfil y luego  el algoritmo de conexión te ayuda te ayuda a buscar la vacante que más se adapta  a las habilidades que has desarrollado y te conecta con una nueva red de contactos, con tu tribu digital.

Hoy existen nuevos perfiles, nuevas formas de certificar tus conocimientos y también hay otras expectativa de los reclutadores frente al requerimiento de habilidades personales.

Apenas estamos advirtiendo el cambio, la transformación. Síguenos que estaremos revisando el potencial inmenso de oportunidades que Internet está generando en el mundo.