Emprendedor. Definirlo implica revisar raíces, vivencias, aprendizajes, para luego construir una fotografía del presente: ¿Cómo he incorporado mi historia al emprendedor que soy?

 Pensar como un emprendedor. Sobre ese tema me planteaba escribir.

Pero, ¿cómo piensa un emprendedor? Pues en este momento, si lo digo por mí, pienso en Venezuela como mi inspiración y mi dolor, mi rabia y mi esperanza, como esa fotografía indeleble, ese presente que no me puedo quitar de la cabeza. Así somos, circunstancias y emociones.

 Venezuela, mi espacio para emprender. Esa casa que tuve que abandonar y que tanto extraño, ese escenario que me enseñó que el emprendimiento siempre será una opción y una aventura. Es prácticamente un talento natural aupado por el entorno, el apasionamiento, el humor, el profesionalismo y las ganas de aprender, estudiar, superarse.

Crecí entre emprendedores. Mi papá y mi mamá se dedicaron al comercio, a una pequeña empresa de servicios.

 Si hago lectura de lo que vi en ellos, capturo algunas escenas de mi álbum familiar, y si quiero descifrar qué es eso que hace a un emprendedor y forma su mentalidad, encuentro 5 visiones:

 

Mis padres

Sencillez e inteligencia emocional.

 La mano derecha de mis padres era su compadre. Sí. Ellos bautizaron a los hijos de Francisco, conocían a su esposa y en muchas oportunidades compartieron nuestra mesa.

 Hoy, a más de 40 años de esta historia, «el compadre», sigue trabajando con mi mamá. Ambos lograron fidelidad y compromiso de sus empleados conectando con ellos más allá de lo laboral.

El emprendedor no lo tiene todo, lo complementa.

Mi papá era un hombre sencillo y trabajador, evitaba los conflictos. Ningún emprendedor lo tiene todo, ante esta realidad aplica lo de la media naranja. Mi mamá siempre fue ese complemento. La de la visión, las ventas y las negociaciones. Buen match para los negocios, incluso en uno familiar, que al involucrar sentimientos y relaciones, complica mantener el enfoque en el negocio.

Detalles que inmortalizan tu marca.

Nunca olvidaré la expresión de una señora que estuvo en el velorio de mi papá. No la conocíamos. Sin embargo, estuvo allí para despedirse del señor que una vez le dio una flor al entrar a su negocio.

 Un viernes previo al Día de las Madres, mi papá entregó rosas rojas a todas las mujeres que entraban al estacionamiento que gerenciaba. Hizo inolvidable su marca gracias a un detalle sencillo que marcó la diferencia.

El cliente tiene la razón.

Mi papá evitaba la discusión con sus clientes. Normalmente, por más fuerte que fuera el conflicto y la molestia, por alguna razón terminaba ajustando sus diferencias con una buena cara y un apretón de manos.

No siempre fue así, pero destacar la empatía como valor fundamental para prestar un servicio, ayuda. Mi papá siempre nos decía:

No sabemos con qué problema anda ese señor encima. Quizá una preocupación una enfermedad. Ponte en su lugar.

Sabiduría cotidiana. Del libro al día a día.

No es el fin del mundo.

Las dificultades económicas llegaron y con ellas el tema de discusión en la mesa familiar. Responsablemente se hacían ajustes, recortes y, al final, siempre reinaba el optimismo . Hay una frase de mi madre con la cual, como un mantra, siempre finalizaban las conversaciones en época de recesión económica:

El dinero está en la calle, solo tenemos que salir a buscarlo

Preocuparse paraliza, ocuparse hace que fluya la energía. Así fue, y así será.

Así crecí y me formé… Con mentalidad de emprendedor cotidiano. Porque al final, ser emprendedor es un estado mental. Ser emprendedor es lo que veo hoy en mi país: gente que lucha por un sueño, que es generosa y honesta, que lejos de rendirse se automotiva, que incluso agradece las dificultades. 

Hay una frase que leí en un libro infantil que encontré en una biblioteca. Malala-Iqbal: Dos Historias sobre la valentía, de Jeanette Winter. Cuenta  la historia de dos niños de Pakistán, valientes e inspiradores, Iqbal y Malala. Luchadores y libertadores de sus pueblos. Con ellos pensé en Venezuela, en mis padres, en mi infancia, en la actitud que marcó mi vida y en un motivo para escribir esta reflexión. Y me quedé con esta frase:

Que yo nunca rece para ser preservado de los peligros sino para alzarme ante ellos y mirarlos cara a cara.

Rabindranath TagoreTwitter

Mantra que debe acompañar la mentalidad de un emprendedor, que está en ti, en tus hijos, en tus padres, en un amigo, o incluso en el territorio que te marcó como un tatuaje permanente la actitud ante las dificultades. Y como decía mi padre:

Valor y… ¡pa’ l’ante!

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